*Precio Máx: Red Fija: 1,21 €/min. Red Móvil: 1,57 €/min. Iva Incluido. +18 años.Servicio ofrecido por PlusUltra Telecom SL. Apdo. Correos 5037 – CP: 29080 Málaga

Siempre me he sentido inferior, me gusta que me dominen y me traten como merezco

Roberto30 años, Badajoz

Aquí sabéis tratarme como lo que soy. Un perro faldero

José Ángel63 años, Bilbao

Gracias a este número puedo liberarme. Mi chica no sabe realmente lo que me gusta

Bruno26 años, Toledo

Habéis conseguido dominarme y maltratarme como un cerdo

Alberto37 años, Pontevedra

No sabía lo que era la dominación telefónica y ahora no sé vivir sin esto

Miguel25 años, Córdoba

Después de ser tratada miserablemente, vuelvo a ser yo

Lorena28 años, Albacete

Estoy casado. Mi mujer no tiene ni idea de esto pero amí lo que me gusta es que me dominen

Ángel47 años, Huelva

Teléfono Erótico Ama

DEBES SABER

Antes de llamar a un teléfono erótico ama, que el BDSM, acrónimo de Bondage, dominación, Sumisión y Masoquismo abarca diferentes prácticas sexuales consentidas que forman parte de la vida de muchas personas acérrimas a esta corriente erótica, independientemente del género. 

Atendido por auténticas Dominatrix españolas 

Esta numeración erótica responde a la incesante demanda de los hombres Sumisos que les pone ser maltratados, humillados y dominados, así como obedecer las órdenes impuestas por su Ama.

LO QUE VAS A ENCONTRAR EN UN TELÉFONO ERÓTICO AMA

▶ Dominación financiera

Si te pone ser un completo pagafantas, que te dejen la cuenta a cero y que se aprovechen de ti, estas mujeres son expertas en dominación financiera, saben cómo sacarte el dinero, están acostumbradas a tratar con calzonazos como tú.

Precio Máx: Red Fija: 1,21 €/min. Red Móvil: 1,57 €/min. Iva Incluido. Mayores de 18 años.

▶ Humillación telefónica

El Sumiso por lo general, llama para expresar una circunstancia personal o externa que es aprovechada por la interlocutora para arremeter de manera vil, represiva e insultante. Los niveles de excitación son brutales y adictivos.

Precio Máx: Red Fija: 1,21 €/min. Red Móvil: 1,57 €/min. Iva Incluido. Mayores de 18 años.

▶ Dominación telefónica

Consiste principalmente en acatar y cumplir las órdenes recibidas por tu Ama. Siempre hay objetos a tu alrededor que pueden ser empleados para una dominación más específica. Déjate llevar y descubre nuevos horizontes.

Precio Máx: Red Fija: 1,21 €/min. Red Móvil: 1,57 €/min. Iva Incluido. Mayores de 18 años.

RELATOS ERÓTICOS DOMINACIÓN 🖤

SOY UN HOMBRE SUMISO
ENVIADO POR RODRIGO, 35 AÑOS, CORUÑA

A mi ex le gustaba el sado, me tenía literalmente cogido por los huevos por muchs razones, le molaba obligarme a pelarmela con sus braguitas, vestida de meretriz, me humillaba delante de sus amigas, a veces también estaban sus amigos, tengo que confesar que la primera vez que me tiró un tanga a la cara con voz autoritaria, me resultó chocante, pero he de reconocer que pronto empecé a identificarme con ese rol sumiso. Entendí que lo que me ponía era estar a sus pies para que me tratase como le diera la gana. Entendí que ese era mi papel, pues no puedo aspirar a otra cosa, soy delgado, bajito, tengo el pene pequeño y mi virilidad está entre el cero y la nada. Desde que se rompió nuestra relación, me siento desamparado, mi pareja actual vive al margen de todo esto, no es una mujer dominante ni mucho menos, ni le van estos temas. Gracias al teléfono erótico ama me siento liberado y feliz, vuelvo a sentir en mis carnes el juego tan morboso de la dominación financiera. Aprovecho cuando mi mujer está dormida o en el trabajo para ponerme su lencería, me gusta llamar cuando estoy solo para que me humillen y me traten como lo que soy. Cuando cuelgo, me vuelto a sentir yo, es como un chute clandestino que necesito cada cierto tiempo para desahogarme y evadirme del mundo hipócrita que me rodea. Lo tengo claro, mi verdadera naturaleza es esta, zorruna y perruna.

LA PROFESORA DOMINANTE
ENVIADO POR ALBERTO 47 AÑOS, MADRID

Me encontraba ensimismado mirando por la ventana mientras esperábamos a que llegara la vieja profesora de Inglés. No vino, en su lugar, apareció una jovencita bastante sexy vestida con una camisa apretada blanca y una falda negra. Me pasé la clase ignorando todo lo que la señorita explicaba. Al terminar la clase, la profesora pidió que me quedara para hablar conmigo. Cuando todo el mundo había abandonado la clase, la señorita cerró el aula con fuerza y se acercó a mi. Giró mi silla hasta colocarme sentado frente a ella y me explicó que iba a castigarme por no atender su clase. Sin decir más, agarró la bufanda que tenía en mi mochila y me la colocó alrededor de los ojos. No veía nada. Cuando se aseguró de que el nudo no se aflojaba por mucho que tirara, se dispuso a atar mis manos con las mangas de su jersey. Una vez  inmovilizado, perplejo por la situación, noté cómo bajó bruscamente a desabrochar los vaqueros dejando descubierto mis partes nobles bien duras. Se sentó encima y comenzó a cabalgarme como una fiera, cuando estaba a punto de caramelo, dio un salto y comenzó una retahila de insultos y escupitajos mientras me golpeaba con su mano. Cada golpe lo hacía con más fuerza y el dolor pasaba a convertirse en algo más intenso, algo que podría llamar placentero.. Deseaba que siguiera tratándome como un trapo, deseaba comerle ese par de melones que escondía tras su camisa blanca. Pero no podía hacer nada, me tenía atado y paralizado. Noté como su mano me agarró fuertemente del cabello y me empujó hasta dejarme caer de rodillas. Ambas manos sujetaban mi pelo y empujaban mi cabeza hacia delante, hasta que noté en mis labios una suave piel con un dulce olor a vagina que me invitaba a chupar. Lamí aquel dulce con mucho gusto, sabía a días sin pasar por el bidé,  su jugo empapaba mi cara, mi boca. No podía verla pero sí podía escuchar sus gemidos repletos de placer mientras sus manos seguían agarrando mi cabeza. La bufanda se cayó y pude contemplar ese hermoso cuerpo de mi inesperada Ama. El toc toc toc de la puerta me devolvió a la realidad, sin dejarme tiempo para vestirme, me echó por la puerta de atrás, salí casi desnudo, cerró con una sonrisa pícara porque era plenamente consciente de que no había terminado. Así, doce años después, todavía sigo don dolor testicular.

LA COCINERA SUMISA
ENVIADO POR ELENA 25 AÑOS  IBIZA

Mi nombre es Elena, soy una chica sencilla que trabaja de cocinera en un restaurante. Mi mano derecha en la cocina es Tomás. Un alemán bastante atractivo pero demasiado reservado. Llevamos ocho años trabajando juntos y apenas sé algo de su vida. Posee un extraño carácter; apenas habla con nadie, ni siquiera conmigo que estoy con él todo a diario. Tras una dura jornada, un buen día me invitó a su casa a tomar algo. Accedí con gusto porque además pensé que sería buena oportunidad para conocerle mejor,  nos fuimos en su coche. Vivía en un pequeño ático, bastante desordenado pero acogedor. Tomás, además de cocinero, era un experto coctelero, sacó unas botellas y empezó a preparar una de sus especialidades, «el gintonic». Un combinado bastante conocido que preparado por manos expertas, sabe a gloria. Nos sentamos a beber en el sofá. En mitad de la conversación, de forma repentina, sin mediar palabra se tiró sobre mí. Me besó y cuando mis labios reaccionaron incrédula, me mordió. Agarró fuerte mis manos y me arrastró hasta la cama. Con voz brusca e imperativa me pidió que me desnudara. Agaché la cabeza y súbdita, obedecí sin protestar. Me cogió del cuello y me apretó con fuerza el paquete en la cara. Me dijo: «esto es lo que necesitas», «un buen macho alemán». Presentí que un enorme bicho aguardaba frente a mí. Estaba completamente duro. Se había excitado al ver el miedo en mi rostro.  Le dije, Tomás, esto es demasiado grande para mí, jamás he probado nada igual. Le rogué por favor que no la metiera dentro de mí. Le susurré que se la comería bien, pero que por favor…. Me espetó  ¡Come y calla!. Me ordenó mientras con sus manos empujaba mi cabeza para chuparle hasta el final. Empecé a mamar aquel delicioso manjar. Mientras se la comía, alargaba su brazo para tocarme el trasero, comenzó a golpearlo con fuerza recordándome que era una perra que tenía que poner en mi sitio. Notaba mis nalgas ardiendo, estaban al rojo vivo, uno de sus dedos empezó a entrar en mi estrecho ano. Lo metía y lo sacaba rápidamente entre insultos y humillaciones, gritaba, «sigue sumisa, sigue así». Notaba mi cuerpo debilitarse y en ese instante Tomás aprovechó para tumbarme y abrirme de piernas. Las levantó aproyadas en su pecho y penetró como buen bávaro. Comenzó a darme de manera brusca, violenta, me tenía sujeta por las muñecas sin poder moverme, me sentía como una muñeca entre sus brazos. Minutos más tarde, noté como me llenaba de leche. Estaba muy excitada y le pedí más, pero me respondió que él ya había acabado y que no quería seguir. Como buena sumisa, me sentí complacida por haber podido satisfacer a mi Amo.

LA MADURA SUMISA
ENVIADO POR JAVIER, 26 AÑOS, BARCELONA

Me encanta el sexo. ¿A quién no? No tengo temores de experimentar cosas nuevas. De todas maneras, soy de esos hombres heterosexuales muy machos a los que le gusta siempre llevar la delantera y por eso, para mí, no hay postura mejor que a 4 patas. Estoy soltero, tengo 26 años y me gustan las mujeres de mi edad pero últimamente tengo predilección por las maduras. Este es mi relato con una mujer madura sumisa. Fue una noche inolvidable. Hace poco tuve relación con una mujer madura bastante mayor que yo (unos 48) me costó dominarla. Probablemente porque tiene más experiencia y está acostumbrada a llevar la delantera. Nos conocimos en un bar de Barcelona, nos gustamos de inmediato y, al rato de charlar, nos besamos. De allí, nos fuimos a su casa. Ella vive sola con su perro. Una mujer guapísima, bien conservada. Estatura normal (1,65), pechos voluminosos y un culo perfecto para mi pose preferida. Me practicó sexo oral, se me montó rápidamente, sin dejar que yo mismo le quitara la ropa interior. Ella lo estaba disfrutando tanto que no quería interrumpirla, por lo que estuvimos así unos cuantos minutos. Me encantaba su cara de satisfacción, pero necesitaba tener el control de la situación. Yo soy un hombre dominante. Con la excusa de que iba a correrme, la saqué de inmediato, me levanté y ella se quedó en la cama, boca abajo. Le besé la espalda y fui bajando poco a poco. Se entregó al placer de inmediato. La puse como a mí me gusta, a cuatro patas, mi pose de dominación preferida, empecé a darle azotes con todas mis ganas, la partí en dos, tuvimos sexo tan duro que sus gritos ganaban en intensidad. Fue tan placentero que, tras unos cuantos minutos, acabamos los dos casi a la vez.

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